El nuevo modelo de “no-consumo” llega al turismo

En el 2015, la economía colaborativa facturó un total de 28.000 millones de euros, según el Instituto de Innovación Social de Esade; según este mismo estudio, se espera que a medio plazo genere un valor de entre 160.000M€ y 572.000M€. De acuerdo con un informe de la Comisión Europea, supuso unos 900.000 puestos de trabajo en EEUU, el país con la economía nacional de mayor valor nominal. Este sector en expansión ya es un juego en el que han conseguido desmarcarse ciertos jugadores: El Periódico informa de que algunos analistas señalan que el 90% de los beneficios recae en un 1% de las empresas existentes.
No obstante, debido al actual panorama de crecimiento, distintas opciones de productos y servicios entre particulares continúan invadiendo todos los sectores y ámbitos, ofreciéndonos posibilidades que abarcan desde alquilar un taladro durante dos horas hasta guardar ese trasto que no sabemos dónde meter en trastero ajeno. (Pasando por buscar compañeros de viaje para compartir la beneficiosa tarifa de mesas del AVE) Aparte de gigantes como BlaBlaCar y Uber, progresivamente proliferan otras opciones para todo tipo de gustos y necesidades, aumentando la presencia de este modelo de consumo en Internet y disminuyendo la memoria disponible de nuestros teléfonos a través de sus Apps.

El contexto actual de expansión de las ciudades en área de ocupación y de influencia territorial, con cada vez mayor concentración de población residiendo en zonas de alta densidad urbana, favorece este modelo de colaboración entre particulares, debido a un entorno conectado (en gran medida gracias a Internet y a las redes sociales) y un gran volumen de oferta y demanda de productos y servicios de una sola utilidad. Además, también supone una mayor probabilidad de confluencia de necesidades comunes.
Hoy en día, en parte motivados por la coyuntura de crisis económica, estamos cambiando nuestro modelo de consumo. Cada vez se compran menos productos de uso puntual (o que se precisan para un solo uso). Del mismo modo, se apuesta más por el alquiler o el derecho de uso que por la propiedad. Y esta es la gran ventaja y el pilar fundamental de las empresas de economía colaborativa: estas nuevas entidades no invierten en activos, no los poseen; hacen negocio al actuar de intermediarios en transacciones de bienes y servicios que poseen u otorgan particulares. Los consumidores se rigen por la misma lógica: para qué comprar ese cenador que se va a utilizar en un único evento puntual o por qué no sacarle rentabilidad a esa sierra eléctrica que apenas se usa.
De todas formas, independientemente del innegable aspecto económico, este nuevo patrón de consumo (o de no-consumo) también se explica por el cambio de visión del ciclo productivo producido dentro del paradigma de economía circular y por los nuevos modelos de consumo consciente y responsable. Lo primero implica no introducir ningún elemento que no sea realmente necesario, para luego no generar ningún residuo sin valor o subproducto que no pueda ser reintroducido. Trasladando esta visión a los consumidores y aplicando lo segundo, el resultado es: no compres lo que no precises tener y solo necesites usar; y saca rendimiento de lo que ya tengas y no necesites usar.

la economía colaborativa y el turismo

la economía colaborativa y el turismo

La economía colaborativa tiene aplicación en todos los ámbitos posibles y, por supuesto, también ha generado propuestas dentro del entorno turístico, el sector que mueve una mayor economía en nuestro país y nuestra región. Plataformas como Airbnb ya han revolucionado la oferta alojativa turística, pero el proceso de expansión de la economía colaborativa continúa, aplicándose sus principios a otros servicios turísticos. Además de las dedicadas a las viviendas vacacionales, existen plataformas destinadas al transporte de los turistas, bien hacia su destino o bien dentro del mismo mediante el alquiler de coches, barcos o incluso aeronaves de particulares. Pero no son los únicos medios para moverse dentro del lugar elegido para nuestras vacaciones: por ejemplo, páginas como Campanda, AreaVan o AlquilarMiAutocaravana ponen en contacto a propietarios de autocaravanas con usuarios que desean hacer uso de una.
El hecho de que estos vehículos cuenten con toda serie de prestaciones y que supongan un gasto conjunto de transporte, alojamiento y manutención los convierte en una opción económica y más activa de viajar, una alternativa que ahora además resulta aún más barata gracias a la existencia de este tipo de plataformas, ya que como vehículos en sí son caros. El turismo en autocaravana se encuadra dentro de la tendencia turística general de viajes programados por los propios consumidores de manera independiente a los operadores turísticos tradicionales. Esta opción les permite mayor grado de personalización en la organización de sus vacaciones, un rasgo destacable no sólo en el consumo turístico actual, sino en el consumo en general. También permite conjugar en un único medio, en este caso un vehículo, un tipo de alojamiento, de alimentación y de transporte más afines a la hora de disfrutar de un mayor contacto y una mayor proximidad emocional al territorio visitado y a su población, a su cultura y a todas las vivencias que todos estos elementos puedan ofrecerle.
Desde hace unos años, los turistas apuestan más por su mundología y por todo el disfrute de las percepciones y sensaciones que puedan obtener a través de éste contacto directo y auténtico con los destinos que visitan. Es lo que se conoce como turismo experiencial o vivencial, un modelo que sigue en auge y que precisamente se antepone al clásico modelo fordista del turismo heliotalasotrópico tradicional, que está caracterizado por todo lo contrario: el disfrute pasivo del turista de una manera estandarizada y desconectada del territorio y su realidad cultural, su escasa participación, y todo esto mediante canales y soporte comerciales con nula personalización y con ningún tipo de capacidad de organización o actuación autónoma por parte de los usuarios. Como podemos comprobar, las plataformas de economía colaborativa presentan una serie de ventajas para las actuales tendencias en turismo.

Tursimo-tradicional

Modelo de turismo tradicional

Pero no sólo el turismo experiencial y la economía colaborativa resultan en una asociación beneficiosa para ambos. La aplicación de este tipo de plataformas sociales en todos los ámbitos son ejemplos de facetas diferentes del mismo proceso social: una situación de cambio y desarrollo de valores, necesidades y modelos de conducta, que se percibe tanto en los nuevos patrones de consumo como en los nuevos modelos empresariales, así como en las oportunidades de negocio que se generan de este hecho. La sociedad cambia, el mundo cambia a lo largo del tiempo; sin embargo, hoy por hoy, las nuevas formas de consumo y la aplicación social de las nuevas tecnologías ya están revolucionando el ámbito económico y otorgan un potencial aún inimaginable a quienes sean capaces de adaptarse a este hecho.

Autor: Esteban Mejías, Colaborador del Observatorio de Tendencias de Surgenia

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